Personaje de leyenda

GUILLERMO TELL:  MITO O REALIDAD?

 

Si hoy en día conocemos el nombre de Guillermo Tell, héroe suizo, es gracias a la pluma de Schiller, poeta alemán que lo inmortalizó en su postrera e inmortal obra. Gracias a él, renació este héroe popular, cantado en las viejas leyendas helvéticas.

Pero....existió realmente Guillermo Tell? Parece ser que, después de minuciosos trabajos e investigaciones y muy a pesar de muchos suizos, no existió el tal héroe y no pasa de ser um mito legendario, aunque eso sí, un mito suizo.

Al mencionar el nombre de Guillermo Tell no podemos dejar de pensar en el suceso de la manzana y la ballesta, hazaña por la que más se recuerda al héroe. Bien, pues parece ser que ni siquiera tal hazaña la llevó en primacía el héroe suizo. El mismo Schiller reconocía en una carta dirigida a un amigo que el orígen de este famoso suceso de la manzana lo había recogido de antiguas leyendas nórdicas.

Sin menospreciar, ni mucho menos, al héroe helvético, hemos de hallar la fuente de dicha historia em una antigua saga germana, la de Wieland el Herrero, escrita allá en el siglo XIII, en la Wilkinesaga. En ella, un personaje llamado Eigil, hermano de Wieland, se ve forzado por un rey tirano a lanzar una flecha a una manzana colocada en la cabeza de su hijo Orodal, si no quiere verse esclavizado. Eigil tira su flecha y acierta y, al igual que en el drama de Schiller, había preparado una flecha más para el rey, en caso de matar al hijo.

Vemos, pues, que las circunstancias se repiten: el rey tirano, manzana-hijo-ballesta, flecha de repuesto...

Pero aún mayor semejanza tiene otra antigua leyenda, danesa esta vez, escrita en el Siglo XII por Saxo Gramático, la del arquero Toko. Y de la que se supone Schileer extrajo los leit-motivs de su obra. En esta obra se vuelven a repetir exactamente estos sucesos, sólo que con nombres cambiados, siendo aqui Toko el supuesto Tell Schilleriano.

Hay, además, otras sagas nórdicas con la misma historia, como las de Eindridi, Heming, Henning Wulf. O la balada inglesa de Guillermo de Cloudesly o la tradición sueca de Töll. Amén de otras encontradas en las tradiciones finnesas, japonesas o hindúes.

Resumiendo, que Schiller no fue el creador de un personaje, sino el adaptador de un mito en otro ambiente y circunstancias: la Suiza del siglo XIV.

Sea como sea, voy a analizar, en las líneas que siguen, al héroe schilleriano, que es el que más conocemos. En las páginas del “Guillermo Tell” de Schiller, última obra que escribió, en 1804, encontramos párrafos bellísimos en los que vemos desfilar al pueblo helvético luchando por su libertad en contra del tirano y bajo la admiración de su querido héroe, Guillermo Tell.

La historia de Schiller se desarrolla en la Suiza de los Cantones, en el año 1307/8  y en el bello escenario del lago de Brunnen. Los personajes de la obra son, aparte del héroe, Walter Furst, Arnoldo de Mechtal, Werner Stauffacher y el tirano Hermann Gessler, como actores principales. El tirano Gessler, bajo los auspícios de un monarca que se desentiende de todo, e imitando al Sheriff de Nottingham de la leyenda de Robin Hood, tiraniza al país helvético con sus decretos y humillaciones. Surge entonces la figura de Guillermo Tell, que si bien no utiliza los procederes del arquero de Sherwood, llega a ser un héroe popular y querido entre el pueblo.

Tell es un personaje honrado y noble y Schiller nos lo presenta con las virtudes de valentia y amor al prójimo, aunque con cierta temeridad a veces. La Idea que tenemos de él a través de la obra es la de que jamás podrá dejar de ofrecer su ayuda a quien lo necesite, él siempre está dispuesto a darlo todo.

“El valiente no se acuerda tanto de sí mismo. Ten confianza en Dios y saca del apuro a quien lo necesite”, dice Tell. El sería el piloto que guíe a los insurrectos contra el que oprime su libertad. El pueblo, en su totalidad, no puede ya soportar tanta  humillación por parte del caudillo Gessler y se reúne con sus cabecillas, los nobles de los tres cantones (Uri, Unterwald y Schwyz), en Rütli, en el lago de Brunnen.

Esta pradera, escondida entre las montañas y donde siglos después dos colosos de la música, Richard Wagner y Franz Listz, fraguaran su amistad; en esta pradera, digo, se congregó el pueblo helvético para jurar fidelidad a Suiza y comenzar la rebelión contra el opresor. 

Bajo la consigna de “Amigos de la Tierra” y con la presencia de dos espadas cruzadas, los tres cantones hacen el juramento de la unión y la libertad: “Queremos sacudirnos la aborrecida opresión. Queremos conservar los antiguos derechos tal como de nuestros pasados los heredamos y no precipitarnos hacia lo nuevo, desenfrenadamente”.

La Aurora ya empieza a clarear y el pueblo allí reunido y con la cabeza descubierta, repite el juramento de fidelidad, con tres dedos en alto, al igual que el juramento de la SS: “Queremos ser um pueblo único de hermanos. No podran separarnos dificultades ni peligros. Queremos ser libres como nuestros antepasados. Antes la muerte que vivir esclavos. Confiamos en el Altísimo y no tememos al poder de los hombres”.

Llegamos entonces en el acto tercero, a la famosa escena de la manzana, en que  el tirano Gessler obliga a Tell a que tire sobre su hijo Walter. La escena es de todos conocida y la certera puntería del héroe fuerza las circunstancias a que Gessler le arreste al preguntarle el por qué había cogido otra flecha de repuesto y contestarle que para él, en caso de fallar.

La hazaña de Tell corre de boca en boca por todo Suiza y su nombre es glorificado. Después de una serie de aventuras, entre las que está la de escaparse de la nave donde estaba maniatado y de un salto, ganar la orilla; Tell consigue acechar al tirano y asestarle de un certero disparo una flecha en el corazón: “Libres son las chozas y queda a salvo de tu domínio la inocencia; no dañarás ya a esta tierra”. Y así, basicamente, acaba la obra.

Esta es la historia que nos cuenta Schiller, Juan Fastenrath, gran conocedor de la historia de Alemania y Suiza de este período, comenta en su voluminosa obra “El Walhalla y las glorias de Alemania”, la no existencia del Guillermo Tell histórico. Es de la opinión que no pasa de ser uma leyenda, leyenda que los suizos se empeñaron en hacer historia. Dice así: “A Schiller no le importaba que Tell fuese un mito: el verdadero héroe de su drama es el pueblo entero y por eso su obra alcanza el apogeo en la representación de la comunidad en la escena de Rütli en que respiramos el espíritu de la libertad verdadera. De la libertad que tiene por fundamentos el derecho y la ley”.

Al parecer tampoco existió el tal tirano Gessler, historicamente. Sí que existió la rebelión de los helvéticos, aunque más tarde cronológicamente. Y también existieron Walter Furst, Melchtal y Stauffacher.

Pero creo que lo importante no es ya dilucidar si es o no es verdad lo que Schiller cuenta en su bella obra; si existió o no realmente el personaje de Guillermo Tell. Lo importante es el personaje en si.

Tampoco existieron Robin Hood o el mosquetero D´Artagnan o tantos y tantos héroes de leyenda, pero ellos encarnaron el sentir de un pueblo.

Hoy, en Suiza, se puede visitar Brunen y el lago de los Cuatro Cantones, donde se puede llegar hasta Rÿtli. Allí existe el monumento y una placa en memória de la hazaña de Guillermo Tell y de la libertad suiza; la conmemoración de la lucha de los tres cantones contra el tirano.

También se puede oir allí la historia del final de los dias de Guillermo Tell, que dicen pereció en las águas del Valle de Schäden, ahogado, al intentar salvar a un niño que se había allí caído.

En todo caso, desde estas páginas, hagamos un agradecimiento a Schiller por haber creado o recreado a este héroe popular, mítico o no, que exhaltaba tanta nobleza y valentia.

Javier Nicolás – Revista Cedade número 132, págs. 32 y 33, abril de 1985