Mi Padre: Rudolf Hess

por Wolf Rudiger Hess

"Por muchos años de mi vida pude trabajar bajo el mayor hijo que haya producido mi pueblo en su historia de mil años. Ni siquiera, si lo quisiera, podría borrar este período de mi existencia. Me siento feliz de saber que he cumplido con mi deber para con mi pueblo, mi deber como alemán, como nacionalsocialista, como leal seguidor de mi Führer. No lamento nada. Si tuviera que comenzar de nuevo, actuaría tal como he actuado, inclusive si supiera que al final me esperase una feroz muerte en la hoguera. No importa lo que me hagan los hombres, algun día estaré ante el trono del Juez Eterno; ante Él me responsabilizaré y se que Él me declarará inocente".

Rudolf Hess en Nüremberg, 1946

Segunda Parte

Debió ser por aquella misma época cuando -al lado de Haushofer- una segunda personalidad influyó en la vida de mi padre. Según el relato de mi madre, fue durante un acto oratorio, en la sala de actos de la Sternecker Brau, en el Münchener Tal, donde el estudiante Rudolf Hess oyó hablar por vez primera a Adolf Hitler. Casi inmediatamente se sintió atraído por él . Unos dos años después, remetió a un concurso convocado por la asociación estudiantil, patrocinado por un alemán del extranjero que vivía en España, un trabajo, que no solamente fue importante por haber obtenido el primer premio sino más aún: porqe -sin citar el nombre de Hitler- describía las reflexiones y esperanzas que habían hecho que mi padre se convirtiera en uno de los primeros partidarios de aquel hombre. El tema era el siguiente: "Cómo tiene que ser el hombre que devuelva a Alemania a su nivel?" Mi padre respondió aquella pregunta, en la que se caracterizaba precisamente la situación alemana a la sazón: "Si queremos buscar lo probable para el futuro, tenemos que mirar atrás en el pasado.

La historia se repite a grandes rasgos. El desencadenamiento de idénticas enfermedades hace que los políticos formados sean igual a médicos. De qué sufre el pueblo alemán? Ya antes de 1914, el cuerpo no estaba sano. Los trabajadores intelectuales y los manuales aparecían enfrentados, en vez de obrar conjuntamente. El intelectual contemplaba con una cierta soberbia al manual. En vez de dar líderes de sus filas, dejó a los otros abandonados a sí mismos, como pasto propicio a unos cabecillas que aprovecharon las  injusticias para hacer mayor el abismo. Se tomaron el desquite cuando tras el enorme esfuerzo de los cuatro años de guerra, fallaron de pronto los nervios. La derrota fue en primer lugar obra de aquellos líderes y los apoyos que se encontraron entre el enemigo. Desde entonces, Alemania aparece presa de la fiebre. Apenas se mantiene en pie. Una hemorragia en sus principales arterias, como consecuencia del Tratado de Versalles; una administración dilapidadora, con las cajas vacías, y una circulación fiduciaria enfebrecida, con una grotesca desvalorización del dinero. Entre el pueblo, brillantes y lujosas fiestas al lado de una miseria clamorosa; buena vida al lado del hambre, usura al lado de la propiedad y la honradez. Las últimas fuerzas parecen haber desaparecido".

Y describía así el "hombre" capaz de dominar aquella situación:

"Con sus discursos lleva a los obreros hacia el nacionalismo, destruyendo la ideología internacional-social del marxismo. En su lugar presenta el concepto nacional-social. Además, educa a los obreros manuales como a los llamados intelectuales: el interés general tiene que superar al interés personal; primero la Nación y luego el "yo" personal. Esta conjunción de lo nacional con lo social es el eje de nuestro tiempo tiempo como fueron las reformas del barón Von Stein antes de las guerras de la liberación. El jefe tiene que recoger las ideologías sanas de su tiempo y transformarlas en unas ideas incendiarias que vuelvan a ser efectivas entre las masas".

También los pensamientos de Haushofer se identificaban en algunos párrafos:

"El destino de un pueblo se determina por la política sobre la economía. Todas las reformas internas, todas las medidas económicas serán inefectivas mientras esten en vigor los tratados de Versalles y St. Germain. El hombre guía, político-geografico, deberá tener un concepto general del mundo. Conocer a los pueblos y sus infueyentes particularidades. Según las necesidades y circunstancias, tendrá que pisar con las botas de coracero o anudar hilos con dedos cautos hasta en el quinto océano. Su tarea más destacada será el restablecimiento de la dignidad alemana en el mundo. Saber lo que es imponderable; saber que la antigua bandera bajo la cual se desangraron millones en la fe por su pueblo, tiene que volver a ondear; saber que hay que llevar a cabo la lucha contra la mentira de la culpabilidad con todos los medios. El fuerte sentido nacional en el interior, la fe en sí mismo, fortalece a un pueblo tanto como la salvación del honor en el exterior".

El trabajo premiado terminaba con una llamada con versos de Dietrich Eckart:

"Todavía no sabemos cuando el hombre intervendrá para efectuar la salvación. Pero millones tienen la intuición de que aparecerá. Habrá llegado el día contado por un poeta:

Ataque, Ataque, ataque.

Suenan las campanas de torre en torre.

Llaman a los hombres, los ancianos, los niños

Llaman a los durmientes en sus estancias

llaman a la muchacha que desciende la escalera

llaman a la madre que está junto a la cuna.

Tienen que retumbar y resonar en el aire.

Enfurecerse entre los truenos de la venganza.

Llamar a los muertos de su sepulcro.

Despierta Alemania !

 

(Dietrich Eckart)

*** 

Entretanto, y para facilitar los estudios de mi padre, afectados por la desvalorización creciente del dinero, una hermana de su padre que vivía en Suiza, había decidido remitirle mensualmente cien francos oro. Esto le permitía llevar un tren de vida efectivo, aunque sin lujos. Así es que pudo despedirse de la Munchener Wohnungskunst GmbH, y con el abundante tiempo libre conseguido, mi padre se dedicaría a la política. Sobre el principio de esta actividad, hya aparecido al efectuar la investigación de los documentos de aquel tiempo en los archivos oficiales bávaros, una carta de mi padre con fecha del 27 de mayo de 1921, dirigida al presidente del consejo de ministros, Von Kahr. La carta decía: "Y el punto central es que Hitler se halla convencido de que solamente es posible un restablecimiento de la postura mundial de Alemania si se consigue atraer a la gran masa en especial a los trabajadores, hacia lo nacional. Pero esto es solamente concebible, con un socialismo razonable y honrado. Por de pronto, antiguos elementos comunistas y miembros del USP han ingresado en considerable número en el Partido Obrero Nacionalsocialista Alemán". Al final de un arrebatador discurso  de Hitler pronunciado en el Circo Krone, unos dos mil comunistas cantaron, de pie, el himno alemán. Las diferencias de clase se han superado y el obrero manual alterna en las asambleas con los oficiales y los estudiantes. Para mí, que como alemán nacido en el extranjero, detesto todos los partidos, este movimiento representa el "partido sobre los partidos", que está llamado a un gran futuro".

La siguiente intervención de mi padre en el acontecer político fue de naturaleza más violenta: pertenecía a la "Defensa de salas del NSDAP", antecesora de las "Secciones de Asalto". En tal condición, tomó parte en el ya famoso encuentro en la cervecería Hofbrauhaus, de Munich, el 4 de noviembre de 1921 y fue herido, inclusive. Sobre aquel hecho escribió Hitler con posterioridad que aquella noche "había aprendido a conocer verdaderamente al camarada Rudolf Hess". Más tarde organizó en la Universidad de Munich un Grupo estudiantil de el NSDAP, del que fue jefe hasta los acontecimientos del 8 y 9 de noviembre de 1923. Acontecimientos en los que llevó a efecto una misión especial: tuvo que custodiar, la noche del 8 de noviembre, a los ministros, detenidos en la Bürgerbräu. Este episodio tuvo una consecuencia: en un proceso paralelo al gran "proceso de Hitler", fue mi padre condenado, a finales de abril de 1924 y en unión de 40 participantes en el "putsch" de noviembre, a pena de reclusión en la fortaleza de Landsberg. Siguieron casi tres cuartos de año de forzada holganza y en aquella época, mi padre escribió a maquina, al dictado de Hitler, el manuscrito del "Mein Kampf". Efectuó, tras cada una de sus conversaciones privadas con Hitler un borrador privado; tan sólo después fue encargado de repasar las correcciones del libro.

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Tras la liberación de Landsberg, en la noche de San Silvestre de 1924, mi padre tuvo que tomar una decisión difícil: el profesor Haushofer ofreció al recién salido de la carcel, un puesto de ayudante en ciencias, que mi padre aceptó primeramente. Pero cuando, a mediados de febrero de 1925, permitió el gobierno bávaro la nueva fundación del NSDAP y Hitler le ofreció a él el puesto de secretario particular, se decidió por Hitler. Terminó sus estudios y se entregó de lleno a su nueva tarea. Iba con Hitler de reunión en reunión, escribía, organizaba y planeaba conjuntamente con él.

El 20 de diciembre de 1927 se casa con la buena camarada de tantos años, con la compañera de escaladas y prácticas de esquí, con la compañera en los días buenos y malos del tiempo pasado, con la visitante de la carcel, que le aportaba los domingos un cambio en la monotonía de la vida de cautiverio, con aquella que era objeto de todos sus pensamientos y acciones. En una palabra, con Ilse Pröhl: mi madre. Los dos hombres que había escogido como maestros fueron sus testigos: Adolf Hitler y el profesor Haushofer. Una fiesta nupcial celebrada en la casa del conocido editor de Munich, Hugo Bruckmann, entre un estrecho círculo de amistades, cerró el día que consagró la unión de dos personas que no podían sospechar entonces los acontecimientos adversos a que se vería sometida su unión. La unión que ha capeado los temporales y no sólo ha crecido, sino que se ha hecho más profunda. Es hoy mucho más fuerte que entonces.

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Los años siguientes, hasta el 30 de enero de 1933, aportaron, como los transcurridos anteriormente, innumerables viajes, encuentros violentos, asambleas, esperanzas, decepciones, derrotas y victorias. Aquellas eran las señales de una ardua lucha política, llevado con fe fuerte e indomable en la victoria de las propias convicciones, estimuladas y apoyadas por los crecientes y espectaculares triunfos.

Es de hacer notar que mi padre no había abjurado como "secretario" de su antigua pasión por el vuelo, sino que lo practicaba en su aspecto deportivo como pionero. Mi padre aspiraba también a llevar a efecto grandes designios deportivos; llegó a pensar en replicar a la primera travesía del Atlántico por Lindbergh, en 1927, con un vuelo desde Europa a América; todavía en el año 1932 obtuvo el segundo premio, que fue el primero en 1934 en la prueba para aviones deportivos "en torno al Zugspitze" (la montaña más alta de Alemania). Pero su mayor hazaña aérea fue también la última: el vuelo solitario a Inglaterra en la noche del 10 al 11 de mayo de 1941.

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Tras la toma del poder por Hitler, el 21 de abril de 1933, pasó del puesto de Presidente de la Comisión Central al de Lugarteniente del Führer del NSDAP, al que siguió el nombramiento hecho todavía por el presidente Hindenburg de Ministro sin cartera del Reich. La tarea de mi padre permaneció invariable: tuvo que dirigir en representación de Hitler al Partido Nacionalsocialista, convertido en partido estatal. Con su iniciativa de paz en mayo de 1941, rebasó ampliamente su "competencia". Que tras haber llevado a efecto aquella acción aventura, con evidente peligro de su vida y tratando de poner fin a los hechos bélicos, fuera condenado en el proceso de Nüremberg por un presunto "crimen contra la paz" -y no solamente por ello- es una de las más amargas imbecilidades que marca la historia de nuestro siglo.

En su declaración final ante el tribunal de Nüremberg, mi padre dijo: "No me arrepiento de nada. Si volviera a estar al principio, actuaría como lo hice. Incluso si supiera de que al final ardería una hoguera para mi muerte en las llamas. Poco importa lo que hagan los humanos. Algún día me sentaré ante el Juez Eterno. Ante Él me responsabilizaré y sé que me declarará inocente".

Hoy han transcurrido más de dos décadas desde que fueron pronunciadas estas palabras. Más de veinte años largos transcurridos tras gruesos muros, en la celda de una prisión.

No han podido doblegarle, no han podido quebrantarle. Sigue con la fe puesta en su derecho rígido y correcto. Rechaza pedir la gracia. Y a quienes le encadenaron, les responde: "Mi honor es para mí algo más alto que la libertad".

(Extractado del Libro "Cartas desde la Celda 7")