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LOS CONSTRUCTORES PARA LA ETERNIDAD - (Primera parte) Por Adrian Salbuchi Revista Ideario, Abril 1984, número 19, págs. 9 y 10 Los
grandes Maestros constructores de las catedrales góticas fueron los últimos
exponentes de Creadores inspirados en la Tradición milenaria de Occidente
que se apoya en la sana Vida Espiritual del Pueblo. Desde los albores de nuestro órden civilizado, los Pueblos Occidentales han manifestado la incomparable creatividad y fertilidad que yace en su potencialidad biopsíquica, a través de aquellos de sus miembros excepcionales que la Providencia escoge como voceros del sentir metafísico y religioso popular; de su Cosmovisión. Estos Hombres Creadores tenían el genio necesario para darle forma conciente –sea en la religión o en las artes- aquello que latía secretamente y en forma inconciente en el Espíritu de sus Pueblos; en su inconciente colectivo. Nutriéndose de esas fuentes ocultas em la Sangre de sus pueblos, fueron forjando el Alma de Occidente, cuyo origen se pierde en la noche de los tiempos, milenios antes del inicio de la historia escrita. Y es precisamente en tiempos históricos que vemos su resurgimiento en Egipto y, siguiendo el camino de siete mil años, su desplazamiento geográfico hacia el noroeste, por Grecia, Roma y finalmente Europa septentrional. Así, desde los mas remotos tiempos han existido un feliz equilíbrio entre los pueblos sanos y fuertes que dieron nacimiento y alimento a las elites creadoras que a su vez alimentaban el desarrollo de esos mismos pueblos. El instinto de esos Pueblos les dictaba la necesidad vital de vivir en armonía con el orden de la naturaleza, lo cual era exaltado em sus símbolos, sus Dioses, su sentido de lo Eterno. Honraban a estos Dioses erigiéndoles Templos usando la piedra, aquella “prima matéria” que los pueblos extraían de las entrañas de la tierra para que sus Hombres Creadores –aplicando una técnica perfeccionada y un arte intimamente inspirado em el Orden Natural- garantizarán que esos símbolos de lo Eterno perdurarán por milenios. Todo lo demás era secundario para estos pueblos: la economía, el intelectualismo, el “interés privado”. Lo esencial era que su Espíritu hecho piedra perdurara en el tiempo y el espacio. Su Arte era inseparable de su religión y de su Cosmovisión, pues en éstas yacía aquello que separaba abismalmente al Hombre de lo animal; y se conocía el peligro de recaer en lo animal. La Vida del Hombre exige un constante esfuerzo hacia arriba, hacia lo Solar, caso contrario las fuerzas oscuras y lunares lo atrapan. De ahí se entiende la gran lucha de Occidente contra los dioses lunares de Oriente, que también reflejaban el espíritu de sus pueblos, tan fundamentalmente distinto al nuestro. Este Orden Creador se mantiene intacto hasta bien avanzada la era Cristiana con el advenimiento del Gótico en cuyo florecimiento del siglo X al siglo XIV se ve coronada magnificamente esta constante de construir para la Eternidad. Las grandiosas catedrales de piedra que fueron brotando del suelo normando como gigantescos bosques reflejan el orden y la proporción universales. En sus columnas, vitrales y torres se plasma la Gran Tradición de Occidente, sutilmente mimetizada bajo la circunstancial simbologia cristiana. Los Maestros constructores de estos templos –anónimos en su mayor parte- se inspiraron en fuentes antiquísimas, poblando la piedra y el vidrio con los eternos símbolos de Occidente. Sus naves magníficas con hileras de enormes columnas que como troncos de gigantescos arboles abren sus ramas hacia las altas galerias y bóvedas y sus coloridos vitrales que filtran la luz solar como frondosas copas arbóreas imitan las sendas hundidas en el bosque primaveral nórdico que antiguamente unían en forma totalmente recta los centros sagrados célticos. Nos retraemos así a aquellas épocas em que aún entendíamos el canto de los pájaros y el mistério del añejo roble... Este fue el último florecimiento de lo que podemos llamar el estilo Grande de Occidente y fue posible pues en aquél entonces que los pueblos aún mantuvieran sus instintos sanos y su cohesión psicobiológica intacta, lo que permitia mantener fuerte y vigente esse puente que el inconciente tiende a través del tiempo com los antiguos arcanos del conocimiento; aquello que algunos llaman la memória genética. Así pudo surgir con un estilo nuevo, la vieja sabiduría que duerme en nuestras almas. (continúa en el próximo número) |