|
Humanista Hitler y los animales La pretendida carencia de derechos de los animales, el prejuicio de que nuestra conducta con ellos no tiene importancia moral, de que como se suele decir, no hay deberes para con los irracionales, todo esto es, ciertamente, una groseria que repugna. Una barbarie de occidente, que toma su orígen del judaísmo. Arthur Schopenhauer * Hitler era un amante de los animales y las fotos privadas de Eva Braun lo confirman, como lo confirman las publicadas por su fotógrafo Hoffman despues de la guerra, o las de Speer al salir de la carcel de Spandau. No hay ninguna duda de ello. Hitler fue un gran militar, un gran estratega, un gran político, un gran revolucionario, pero, lo más importante, lo que le diferencia de los otros políticos, revolucionarios, militares o estrategas, es que él era sobre todo y ante todo un gran hombre, un hombre total y completo, con unos sentimientos y una humanidad que le convierten en una persona única en la historia. No es raro que este hombre con gustos sencillos y austeros, salido del pueblo y con sensibilidad de artista, tuviese para con los niños y los animales un amor especial y profundamente íntimo. Como en tantos otros aspectos de la vida de Hitler, es necesario buscar a sus maestros inspiradores para comprender de donde provenía su educación autodidactica en lo que respecta a los animales. Fundamentalmente, tenemos que pensar en la influencia del maestro Richard Wagner y en este caso particular -aunque tambien en otros- en la del no menos conocido filósofo alemán -profundamente admirado por Hitler- Arthur Schopenhauer. Ambos genios, pero especialmente el primero, se caracterizaron por un profundo amor a los animales nacido de su no menos intenso amor por la naturaleza. No vamos a decir que ellos "convenciesen" a Hitler a nada. Ese término "convencer", dificilmente puede aplicarse a hombres con la gran personalidad de Hitler, simplemente podemos hablar de "descubrir" o de "confirmar" lo que Hitler sentia. Desde su niñez fue un amante apasionado de las montañas y la naturaleza, amor que mantuvo hasta el día de su muerte, y, logicamente, encontró en Wagner y Schopenhauer almas paralelas a las que se sentía unido por encima del tiempo. Wagner y Schopenhauer eran -al igual que Hitler- dos almas sensibles de un profundo romanticismo y si hablaban de respetar los bosques, las plantas y las flores, con mayor motivo propugnaban el respeto y defensa de los animales. Shopenhauer sentía veneración y admiración especialmente hacia los perros de los que decía: "Lo que me hace tan agradable la compañia de mi perro es la transparencia de su ser. Mi perro es transparente como el cristal. Si no hubiera perros, no querría vivir. La piedad hacia los animales está unida íntimamente a la bondad de carácter, de tal manera, que puede afirmarse con seguridad que quien es cruel con los animales no puede ser un buen hombre". Estas ideas, escuetas pero que definen perfectamente una postura frente a la cuestión que nos ocupa, reflejan y con exactitud la actitud de Hitler con respecto a los animales. La ley de protección a los animales del nacionalsocialismo prohibía, entre otras cosas, el degollamiento de animales al estilo judío, forma ritual que ha sido causa de problemas en varias naciones. El rito judío de degollamiento (Shechita), según una información de Mr. Crouch, miembro del Parlamento británico es "un método terrible" y dijo "podemos asegurar que el tiempo transcurrido desde que se hace el corte hasta que sobreviene la inconciencia oscila entre 10 y 15 segundos". Al serles prohibido su rito de degollamiento, levantaron protestas contra el gobierno, siendo un punto de fricción más entre la comunidad judía y el Estado nacionalsocialista. Wagner defiende el vegetarianismo, pero no lo hace por razones dietéticas, como es corriente en el cien por cien de los vegetarianos. A Wagner las razones dietéticas no le importan; sus razones para no comer carne son siempre de tipo moral y nunca dietético. Podríamos decir que Hitler y Wagner eran anticarnívoros más que vegetarianos. La postura de Wagner fue sin duda compartida por Adolf Hitler. La postura de Hitler frente a los animales se puede sintetizar en tres puntos fundamentales: 1) su vegetarianismo basado en evitar la muerte de los animales. 2) Su postura contra la caza deportiva, admitiéndola -lógicamente- cuando se practica por razones de subsistencia. 3) Su amor a la naturaleza, que le hacía sentir admiración por la belleza de las montañas, los bosques y las flores, pero que le obligaba, todavía más, a sentir amor por las criaturas vivientes que habitan esa naturaleza. Hitler, con frecuencia llamaba a sus compañeros de mesa que consumían carne, en tono irónico, "consumidores de inmundicia", "devoradores de carroña", etc. pero no ejercía la menor presión sobre sus invitados por lo que hace referencia a la alimentación vegetariana, aun cuando hablase con frecuencia del tema. Otro aspecto determinante del carácter de Hitler con respecto a los animales es la profunda repugnancia que le producía la caza. Diversas medidas contra la caza tuvieron a Hitler por gran impulsor. El jefe de Prensa del Reich, Otto Dietrich, nos dice en la obra: "Yo fui amigo de Hitler" del Sr. Heinrich Hoffmann: "Durante los últimos años de la guerra, Hitler prohibió, toda clase de artículos en la prensa que hicieran referencia a la caza. Además, hasta los últimos meses de la guerra, Hitler exigió que se mantuviese unas cartillas de racionamiento para perros. Hitler sabía que aquellas personas que poseían animales domésticos no los iban a matar simplemente, porque estaban en guerra. Comprendiendo su situación, quiso evitar que los poseedores de animales domésticos tuviesen que renunciar a una parte de su propio sustento para alimentar a sus animales y para no añadir una penalidad más a la guerra en sí, instituyó las cartillas de racionamiento para perros". Nos explica Kubicek -amigo de la juventud de Hitler- que ya a sus 16 y 17 años Hitler sentía un amor ilimitado hacia la naturaleza en medio de la cual se hallaba como en su propio ambiente, por otra parte nos explica asimismo Kubicek que ya en aquellos tiempos hablaba de la deficiente actuación de las sociedades protectoras de animales que -lo que indignaba mucho a Hitler- permitían que los perros San Bernardo fuesen utilizados para tirar de los carros de la leche, lo cual era agotador e indignaba al futuro Führer de Alemania. A lo largo de su vida, Hitler poseyó una gran cantidad de animales, casi en su totalidad perros, aunque, según su secretaria, tuvo tambien un gato llamado "Peter" que ésta le regaló y por el que Hitler sintió pronto cariño aunque habitualmente no le gustasen los gatos por su afición a cazar pájaros. Otto Dietrich en 1937 nos dice: "Frente a la casa, ahora como antes, se oyen los murmullos de la vieja fuente que baja de los prados empinados del monte y a los tres mastines, Muck, Wolf y Blonda, como buenos amigos del Führer, le dan guardia segura". Además de éstos, sabemos que tuvo un scotch Terrier llamado "Burly", otro llamado "Foxl" un perro que poseyó durante la primera guerra mundial y "Wolfi", el último de sus fieles amigos. Hitler le dijo una vez a Speer: "Llegará un día en que no tenga más que dos amigos: la señorita Braun y mi perro". En 1945 cuando el III Reich se derrumbaba, las palabras de Hitler se confirmaron en parte. La señorita Braun, con la que contrajo matrimonio el día antes de su muerte, se había desplazado especialmente a Berlín para morir con él, ambos se suicidaron cuando la ciudad estaba a punto de caer en manos de los soviéticos. Algunos miembros del círculo íntimo que rodeaba a Hitler le fueron traicionando, explicando mentiras y desfigurando la personalidad del que fue uno de los más poderosos hombres de la historia, pero en cambio tuvo la satisfacción de saber que miles de personas a las que él no llegó a conocer nunca, dieron sus vidas por defender la idea por la que había luchado y que, especialmente los jóvenes y también los niños, fueron ejemplo en la lucha por Berlín. Esta nota está dedicada y dirigida a aquellas personas con un alma sensible como la de Hitler, para demostrarles la grandeza espiritual de ese hombre ejemplar. Para los que aman a los animales las ideas y el comportamiento de Hitler sobre este problema son prueba de su grandeza, una prueba mucho más convincente que mil falsificados documentos de cuantas cosas se quiera. "Hitler y los animales" - Ediciones Bau |