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Adolf Hitler opina El Duce e Italia "Considero al Duce una gran personalidad y un encuentro con él significa para mí una alegría especialísima. Es sumamente extraño que él trabajara como obrero de la construcción en Alemania cuando yo también me encontraba allí. Naturalmente, mi plan data de 1919 y en aquella época yo no sabía que existía. Nuestra doctrina posee el cimiento espiritual, pero el hombre es el producto de sus ideas y de las ajenas. Evidentemente, los hechos ocurridos en Italia influyen en nosotros. Pensemos que si no hubiera existido una "camisa negra" quizá tampoco hubiera existido una "camisa parda". Uno de los momentos cruciales de la historia fue la marcha sobre Roma, en 1922. Nos alentó la evidencia de que podíamos realizar esa empresa. El ministro Schweyer nos recibió pocas semanas más tarde y quizá en otras circunstancias no lo hubiera hecho. No se si hubiera podido mantenerme en mi posición si el marxismo hubiera arrollado a Mussolini. El nacionalsocialismo era en esa época una plantita débil. Si muriera el Duce sería una gran desgracia para Italia. El que ha visto su cabeza perfilada contra los bustos romanos, como yo al acompañarlo por Villa Borghese, comprendería que él es también uno de esos Césares romanos. Evidentemente tiene una herencia ancestral de un gran hombre de aquella época. Los italianos, a pesar de sus debilidades, poseen muchas cualidades que los hacen dignos de nuestro aprecio. El imperio mundial romano fue la única estructura política estatal realmente grande, de lo que convierte a Italia en la patria de la idea del Estado. Qué musicalidad y belleza la de su pueblo e individuos y qué gusto para las decoraciones y las proporciones armónicas! El Renacimiento fue la aurora de un nuevo día, donde los hombres arios se reencontraron. Nuestra historia está también escrita en Italia, el que no posee visión histórica, es como un hombre sordo o sin rostro; puede vivir...pero en qué condiciones? Qué encantadora belleza poseen Florencia, Roma, Ravena, Siena, Perugia, Toscana y Umbría! En cualquier palacio de Florencia o de Roma encontraremos más valor que en todo el Windsor Castle. Sería un crimen si los ingleses destruyeran Florencia o Roma. Desgraciadamente no significaría una gran pérdida destruir Berlín, como tampoco se lamentaría la destrucción de Moscú. Comparemos Roma y París y veremos que, evidentemente, París no posee nada grandioso excluyendo tal vez el Arco de Triunfo, que puede compararse con el Coliseo, el castillo de San Angelo o el del Vaticano, pues estas obras son el producto de esfuerzos mancomunados que se elevan y destacan sin parangón alguno sobre lo individual. Nápoles, exceptuando el castillo, bien pudo ser Sudamérica. Pero luego vimos el Patio de Honor del castillo, qué enormes proporciones! Todo completamente equilibrado lo uno y lo otro! El mayor placer consistiría en poder recorrer todo eso como un pintor desconocido. Sicilia también debe ser maravillosa". Adolf Hitler Telegrama a Mussolini del 21 de abril de 1945 "Mi agradecimiento a usted, Duce por sus congratulaciones por mi cumpleaños. La lucha que libramos por nuestra existencia ha alcanzado su punto máximo. Con empleo ilimitado de material, el bolcheviquismo y las tropas del judaísmo empeñan el todo por unir sus fuerzas destructoras en Alemania y arrojar así a nuestro Continente al caos. El espíritu de tenaz desprecio por la muerte del pueblo alemán y de todos los que poseen el mismo espíritu detendrá esta acometida, por difícil que pueda ser la lucha y cambiará mediante su sin par valor heróico el curso de la guerra. En este instante histórico en que el destino de Europa es decidido por siglos, envío a usted mi más cordiales saludos". Adolf Hitler |