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En español, en ingles y en aleman.- EL FÜHRER EN VIAJE Por el SS-Brigadeführer Julius Schreck Jamás un hombre de Estado conoció tan a fondo su país y su pueblo como Adolf Hitler. Ya sea por medio del automóvil, el avión o el ferrocarril, siempre sus viajes sirvieron para el conocimiento profundo de su pueblo. Ya en los comienzos de su movimiento, con amplia visión de futuro había reconocido la importancia de los medios de transporte rápidos, especialmente del automóvil, sirviéndose de ellos a pesar de los recursos entonces más que modestos. Aún hoy el Führer otorga su preferencia al automóvil porque le parece importante mantenerse en permanente contacto con sus connacionales y sus viejos combatientes. |
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Durante las grandes luchas políticas por el poder se ha evidenciado que, a través de la motorización de su séquito, el Führer llevaba amplia ventaja a todos sus adversarios. No siempre estuvo entonces el Führer rodeado y aclamado por personas entusiasmadas. En los años de lucha hemos vivido la experiencia de más de un viaje en que los enfrentamientos eran duros y sólo mediantes presencia de ánimo y con uso de la fuerza podríamos abrirnos camino. Ningún aviso de alarma podía hacer desistir al Führer de viajar a los centros de los adversarios rojos y negros, con frecuencia pasando a través de salvajes y numerosas organizaciones bolcheviques, pasando al lado de columnas de manifestaciones adversarias. A veces nuestro coche estaba completamente cercado por miles de connacionales azuzados. Pero -lo hemos vivido siempre de nuevo-, bajo la mirada del Führer repentinamente dejaban caer el puño alzado y levantando la vista se percataban de que este Hitler, por cierto, tenía un aspecto del todo distinto de como se lo habian descripto. Cuántos trabajadores alemanes descaminados miraron así por primera vez a los ojos del hombre del que se les decía que era su enemigo, para convertirse de golpe en adeptos fanáticos de su Movimiento ! Ninguna propaganda periodística, ningún libro hubieran podido por si mismos realizar este milagro. Y así pudo decir tres años después de la toma del poder: "Dónde está el hombre de Estado que como yo no necesita tener temor, despues de tres años de gobierno, de ir entre el pueblo exactamente como lo hacía antes?" También hoy, cuando su trabajo y sus obligaciones de gobierno se lo permiten, el Führer no se limita a sentarse en su despacho, sino que viaja al interior del país para estar en medio del pueblo. Entonces, sentado nuevamente en su Mercedes, aparece una vez en un sitio, otra vez en otro. Un día en la zona del Ruhr, otros en Baden, Württemberg, Sajonia y Prusia Oriental, a orillas del mar, en fin, no hay ni una comarca a la que no se dirija alguna vez. Al volante del coche, oigo repentinamente exclamaciones asombradas y entusiastas: "Es Hitler !" o "Llegó el Führer !". Con frecuencia la gente ni siquiera se da cuenta de quién atravesó la ciudad. Recién cuando la columna ha pasado, llama su atención los tres automóviles negros y, de golpe, se percata de quién fue el que acababa de pasar. Los niños, por lo general, son los primeros en reconocer al Führer. De inmediato empieza una carrera a la par del vehículo y luego de un corto trecho se forma una algomeración tal de gente, que finalmente debemos detenernos para que el Führer pueda dar la mano a los entusiastas y recibir flores o firmar algunos autógrafos. A quien como yo durante diez años tuvo la oportunidad de hallarse constantemente próximo al Führer y de compartir la vivencia de sus numerosos viajes, le seran inolvidables las mil diversas escenas que ha presenciado en el curso del tiempo. Tales viajes proporcionan una fe indómita en el pueblo alemán y muchas veces se siente verdadera emoción por haber podido vivir las experiencias de estos días. Los grandes viajes los realiza el Führer únicamente en coche descubierto, aun cuando llueva y se trate de un acto oficial. Ante el consejo de su acompañamiento sólo tiene siempre la respuesta: "Mientras la SA y las otras formaciones deben estar paradas bajo la lluvia, también nosotros podemos mojarnos". Miles fueron testigos cuando en el reintegro del Sarre, con la cabeza descubierta y vestido solamente con la camisa parda, condujo el desfile de la SA, así como en ocasión de las luchas electorales en Stralsund, después de un vuelo nocturno, a las 3 de la mañana, con una lluvia torrencial, habló a la muchedumbre expectante, o cómo viajó a través de la lluvia, de Holstein al Adolf Hitler-Koog (tierras ganadas al mar por medio de diques), literalmente empapado, sin consideración por sí mismo, porque la SA también se encontraba parada bajo la lluvia. Ya en su primer coche se ubicaba al lado del conductor. Hoy, después de 15 años, como Canciller del Reich, no se ha apartado de esta costumbre. Es él quien determina el itinerario del viaje, porque al Führer le encanta usar caminos laterales y tener la vivencia del paisaje de Alemania lejos de las grandes vías de tránsito. Antes, cuando el Führer todavía no era tan conocido como en la actualidad, por cierto, era más sencillo. En ese tiempo se podía, a veces, pernoctar o comer en una hostería sin ser reconocido. Hoy es diferente. Como un reguero de pólvora se difunde en las aldeas y ciudades que atravesamos en el camino, la noticia de la llegada del Führer. Muchos están poseídos de tal alegría que avisan telefónicamente al próximo poblado y así sus habitantes, que nunca vieron a su Führer, esperan el vehículo para saludarlo. Se viven momentos de exaltación y en ocasiones se siente el deseo de ser un poeta para hallar las palabras que describan los miles de pequeños acontecimientos con la fuerza con que nosotros los vivimos. Ahora atravesamos un poblado. Todo el mundo está presente, viejos y jóvenes, madres con criaturas en los brazos, asociaciones y escuelas, etc. y rápidamente la calle principal se transforma en un mar de banderas. Niñas de la Bund Deutscher Madchen (Liga de Jóvenes alemanas) tratan de hacer detener el coche, pero el tiempo apremia y el Führer debe arribar a destino a la hora prevista, porque cientos de miles de hallan esperándolo para el acto anunciado. Pero, en este momento un hombre alto y corpulento -el herrero del pueblo- se ubica de un salto sobre el radiador del auto; el conductor debe aminorar su marcha y al instante el automóvil se encuentra rodeado por todos los habitantes de la zona. Cada uno quisiera estrechar la mano del Führer. Las mujeres con sus niños en brazos como no pueden aproximarse, alzan sus pequeños, el futuro de Alemania, por encima de la multitud entusiasmada, como si quisieran decir: Vosotros pertenecéis a él ! Cuando se quiere describir a los grandes hombres es menester observar hasta sus más pequeñas actitudes. Veamos uno entre centenares de episodios: alrededor de las 10 de la noche el coche del Führer, despues de un desfile, se desplaza por Meiningen en dirección a Würzburg. De pronto, a la luz de los reflectores se divisa a dos hombres-SA marchando. El Führer hace detener el auto. Se les pregunta adónde van: "A la próxima estación, mi camarada ya no puede caminar, tenemos todavía tres horas de marcha". "Arriba, pues, al coche!" No tienen ni la menor sospecha de quién son huéspedes. Les hacemos diversas preguntas. Ya vieron al Führer? "Sí, hoy al desfilar". El auto se detiene, hemos llegado a destino. El Führer, que se halla sentado adelante, los llama y pone en sus manos una suma de dinero. En ese preciso instante, en la oscuridad de la noche, un pequeño resplandor descubre el rostro del Führer. Los dos SA estan atónitos. "No es el Führer el que habla con ellos?" "Sí, es él !" Perplejos y alborozados, ni una palabra sale de sus labios. Yo doy gas y mientras el Mercedes se desplaza en la oscuridad de la noche, desde una curva divisamos a los dos SA todavía inmóviles en la carretera, bajo la impresión de lo acaecido. Las grandes y arduas luchas electorales de aquella época exigían al Führer el máximo aprovechamiento de su tiempo y por esto se sirvió, además, del avión. Y ello en un tiempo en que todavía se miraba con desconfianza al transporte aéreo. Durante semanas el avión lo condujo de ciudad en ciudad, sin tener en cuenta el viento ni la tempestad. Al echar una mirada retrospectiva a este período, uno siente un leve estremecimiento recordando los numerosos vuelos nocturnos bajo la tormenta y la niebla. Es por demás elocuente el hecho de que durante el tiempo en que el avión del Führer fue utilizado para la lucha electoral, ni una sola vez aplazó su partida. Puntualmente realizaron cada una de las asambleas organizadas y a veces eran cuatro o cinco en un mismo día en distintas ciudades de Alemania. Con frecuencia se le sugirió al Führer que no emprendiese tal o cual vuelo. Pero invariablemente replicaba: "Cuando la necesidad lo exige, también vuelo con tormenta". Cómo se hubieran regocijado los periódicos adversarios si el plan de vuelo hubiera sido alterado o no se hubiese llevado a cabo una asamblea anunciada ! Pero Hitler no les hizo nunca tal favor. Y así uno de tales vuelos ha quedado especialmente grabado en el recuerdo, el de Fürth-Frankfurt. La vieja Rohrbach, la primera máquina de la que el Führer se sirvió, estaba anclada con barriles de bencina. Una tempestad azotó a toda Alemania con violencia inusitada. Para la aviación en general se dispuso prohibición de vuelo. Sólo con dificultad podía uno mantenerse en pie. Todos hicieron gestos dubitativos cuando el Führer abordó la máquina. Recién al cabo de pocos minutos, trabajosamente, levantó vuelo. Con dificultad la máquina avanzó en medio de la tempestad y de las ráfagas de lluvia y de nieve. Con frecuencia la máquina caía en un pozo de aire, de manera tal que la cabeza de más de un acompañante tomaba contacto con el techo. Pero, no obstante, todo salió bien. En una oportunidad el avión tuvo que realizar un aterrizaje de emergencia muy distante del sitio prefijado. A las 8 daría comienzo una asamblea en Kiel. A las 5 recibí el mensaje de que el Führer habíase visto forzado a descender en Travemünde debido a la existencia de nubes bajas, a la niebla y a una fortísima tormenta. Inmediatamente la columna partió a toda velocidad en dirección a Lübeck y en la zona de Eutin recibimos al Führer, que nos había salido al encuentro en un coche de alquiler, llegando a tiempo a Kiel. Aunque el Führer en la actualidad, para ahorrar tiempo, ocasionalmente utiliza el ferrocarril para sus travesías nocturnas, sin embargo, su gran amor es para el automóvil, del cual dijo que le había revelado a Alemania. Y de la misma manera ama su JU 52, que se halla bajo el mando del SS-Oberführer Baur, quien seguramente se cuenta entre los más eximios pilotos. Lo más placentero para el Führer, despues de semanas de intensa tarea, es viajar nuevamente en su coche por el país alemán. Los más bellos días son para mí aquellos en que puedo estar sentado otra vez al volante y, como antes en medio de la lucha y la penuria, conducir hoy al Führer a través de un país feliz y lleno de paz. "Adolf Hitler, Bilder aus dem Leben des Führers", Ediciones LADO, Colección Fuentes Históricas, Buenos Aires, Argentina |
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THE FÜHRER ON JOURNEY By the SS-Brigadeführer Julius Schreck Never a state man knew so deep his country and his people as Adolf Hitler did. That can be by car, by plane, by train, always his journeys served for the deep knowledge of his people. At the beginning of his movement with wide vision of the future, he recognized the importance of the fast transport means, specially the car, using them in despite of the resources, still weak at that time. Also today, the Führer gives preference to the car, because he find important to maintain a permanent contact with his citizens and old fighters. During the great political fights for the power has been evident that through the motorization of his staff, the Führer had a wide advantage of all his adversaries. Not always was the Führer surrounded and acclaimed by ravished people. In the years of fight we have lived the experience of more than one trip in which the confronts were hard and was only by the animation presence and with use of strenght that we could open way. No alarm warning could make the Führer to give up travelling to the centers of his red and black adversaries, oftenly passing through wild and large comunist organizations, passing beside adversary manifestation lines. Sometimes our car was completely surrounded by thousands of enthrusiastic compatriots. But -we have lived it again- under the look of the Führer suddenly they let drop the fist and arising the eyesight they understood that this Hitler, indeed, had an aspect more different than he was descrived. How many german workers without way looked for the first time to the eyes of the man who was named their enemy, to become at once, fanatic adepts of his Movement. No journalist publicity, no book could by itself to make this miracle. And, thus he could say three years later after having taken the power. Where is the man of state who as me, does not need to be afraid, after three years of government, of going among the people exactly as he did before? Also today, when his work and obligations of government allow, the Führer does not limit himself to sit at his office, but to travel across the country to be within the people. Then, seated again on his Mercedes, appears once in a place, another time in another place, one day in the Ruhr zone, another in Baden, Württemberg, Sajonia and Estern Pruse, to the seashore, so there is no shire where he does not go, a time. Driving the car I hear suddenly amazing exclamations and enthusiastic: "...is Hitler!" or "The Führer arrived!" oftenly the people do not perceive who crossed the town. It is only after the line passed they pay atention on the three black cars, and suddenly they perceive who passed by. Children, generally, are the first to recognize the Führer. Immediatly starts a running beside the car and then in a short distance is formed such a crowd that we have to stop at last, for the Führer shake hands with the enthusiastics and receive flowers or sign some autographs. Who as me during ten years had the oportunity to find oneself constantly next to the Führer and share livings of his many trips, will be unforgetable to him the thousands of several scenes which preseciated on the course of time. Such travels give a hughe faith to the german people and many times one feels a true emotion about the lived expreriences of these days. The great travels are made by the führer only on an uncovered car, even when rains and happens an official act. Meet the council of his commitive has always the answer: "Meanwhile the SA and the other formations are stopped under the rain we can also get wet. Thousands were witnesses when at the Sarre reintegrations, with the nacked head and dressing only the grey shirt, heading the SA parade as at the time of election fights in Stralsund after a night flight, at 3 hours in the morning with a torrent rain, he spoke to the expecting crowd, or as he travelled under the rain from Holstein to the Koog of Adolf Hitler, literally flooded, without consideration to himself, because the SA was also stopped under the rain. On his first car he takes place beside the driver. Today after 15 years as Reich chanceller he is not distant from this habit. He is who determines the journey's itinerary, because the Führer likes to use secondary routes and to have the living of the Germany landscape, far away from the great transit ways. A time ago, when the Führer was not still so well known as nowadays, indeed, was easier. At that time one could sometimes to sleep or eat without been recognized, at any hostel. Today is different. Like a powder line are spread in villages and cities which we pass by, on the road, the new of the Führer's arrival. Many are possessed by such a joy that warn by phone to the next village and this people, who never saw the Führer, wait the vehicle to greet him. One lives exciting moments and sometime one feels the wish of being a poet to find the words to describe the thousands of small hapennings with the strenght the we live. Now, we cross a village. All the world is present, old and young people, mothers with children in the arms, associations and schools, etc. And quickly the main street becomes a sea of flags. Girls of BDM try to stop the car, but time goes by and the Führer must arrived to his destiny at the foreseen time, because thousands are waiting for the announced act. But in this moment a strong and tall man -the blacksmith of the village- jumps on the car radiator; the driver decreases the speed and at once the car is surrounded by all the people of the zone. Each one would want to shake the Führer hand. The women with their children as they cannot to get closer, they arise their kids, the future of Germany above the enthusiastic crowd as wishing to say: you own him! As one wants to describe the great men one needs to observe even his smallest acts. Let us see one among hundreds episodes: about 10 at night the Führer's car, after a parade goes through Meiningen towards Würzburg. Suddenly, in front of the lights we see two SA men walking. The Führer stops the car. We asken where they were going to: "To the next station, my fellow cannot walk, and we've still three hours of walking." "Come on then, on to the car." They have no idea who is their host. We make them several questions. Did you ever see the führer? "Yes, today at the parade. The car stops, we came to destiny. The Führer who is seated forwards call them, and put in their hands a quantity of money. At the exactly moment a little shine finds out the face of the Führer. The two SA are amazing. It's not the Führer who speaks to them? Yes, that's he. Perplexed and excited, no word on their lips. And as the Mercedez goes through the dark of the night, from a curve we see them still standing stop on the road under the impression of what happened. The great and hard election fights of that time demand the Führer the maxim profit of his time and because this he served himself of the plane, and this at the time when still planes were not trustful. During weeks the plane carried him from city to city, without counting on wind or storm. Giving a retrospective sight at this period one feel a nimble shudder, reminding the many night flights under the storm and haze. It is also elocuent the fact that during the time in which the Führer used the plane on the election fight, never he delayed a departure. Ponctually were realized each one of the organized assemblies, and sometimes were four or five in only one day in different cities of Germany. Oftenly was suggested to the Führer for not started such a flight. But anyway he replied "when the need exiges I also fly through the storm. How could the adversary papers comemorate if the fight plan was changed or when an announced assembly was not realized. But Hitler never did such favor to them. And so, there is a flight which still remains in mind, was the Fürth-Frankfurt one. The old Rohrbach, the first machine which served the Führer, was anchored to gas barrels. A storm punished the whole Germany with unbelievable violence. They forbade any kind of flights. It was quite hard to stay standing. Everybody had doubts when the führer got on board. It was only after some minutes it took off. With difficulties the machine got into the storm, the rain rafales and snow. Often the machine fell into a hole of air, that made, more than one time, hit the head against the ceiling. But in despite of all were right. Once a time the plane had an emergency landing very far from the prefixed place. At 8 should begin an assembly in Kiel. At 5 I received a message that the Führer had been force to land in Travemünde, because the existence of low clouds, haze and a strong storm. Inmediatly the column went all speed toward Lübeck and at Eutin zone we received the Führer who was coming to meet us, on a hired car, arriving on time to Kiel. However the Führer, nowadays, to save time, sometimes uses the railroad for his night travels, but his great love for car which was revealed to Germany. In the same way he loves his JU 52, under the comand of SS-Oberführer Baur, who is surely counted as one of the best pilots. The most pleasant for the Führer after weeks of intense tasks, is to travel again, on his car across the german country. The most beautiful days are those on which I can be seated driving and like before in the midle of the fight and the adversity, to drive the Führer across a happy country, and full of peace.
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DER FÜHRER AUF REISEN Von SS Brigadeführer Julius Schreck Noch nie hat ein führender Staatsmann sein Land und Volk so gründlich kennengelernt wie Adolf Hitler. Ob mit dem Kraftwagen, dem Flugzeug oder Eisenbahn, immer dienten seine Reisen dem gründlichen Kennenlernen seines Volkes. Schon am Anfang seiner Bewegung hat er weitschauend die Wichtigkeit schneller Transportmittel, besonders des Kraftwagens, erkannt und sich ihrer tross der damals mehr als bescheidenen Mittel bedient. Auch heute noch gibt der Führer dem Kfraftwagen den Vorzug, weil es ihm wichtig erscheint, in steter Fühlung mit den Volksgenoffen und seinen alten Kämpfern zu bleiben. Bei den grossen politischen Kämpfen um di Macht hat es sich gezeigt, dass del Führer durch die Motorisierung seiner Gefolgschaft allen seinen Gegners weit voraus war. Nicht immer war del Führer damals von begeisterten Menschen umdrängt und umjubelt. Wir haben so manche Fahrt in den Kampfjahren erlebt, auf der es hart auf hart ging und wir uns nur durch Geistesgegenwart und mit Gewalt den Weg erkämpfen konnten. Den Führer konnte keine Alarmnachricht davon abhalten, in die Hochburgen der roten und schwarzen Gegner zu fahren, oft mitten durch würste Haufen bolschewistischer Organisationen hindurch, vorbei an Demonstrationszügen der anderen. Manchmal war unser Wagen vollkommen eingekreist von Tausenden verhesster Volksgenoffen. Aber wir haben es immer wieder erlebt, wie sie unter dem Blick des Führers plösslich die erhovene Faust sinken liessen, wie sie aufschauten und gewahr wurden, dass dieser Hitler ja ganz andeers ausfah, als man ihn ihnen immer geschildert hatte. Wie viele von irregeleiteten deutschen Arbeitern fahen damals zum ersten Male in die Augen des Mannes, der ihr Gegner sein sollte, um mit einem Schlage fanatische Angänger seiner Bewegung zu werden. Keine Zeitungspropaganda, keine Bücher hätten allein dies Wunder vollbracht. Und so konnte er drei Jahre nach seiner Machtergreisung sagen: "Wo ist der Staatsmann, derwie ich sich nicht zu fürchten braucht, nach dreijähriger Regierung genau wie damals unter das Volk zu gehen ?" Venn seine Arbeit und seine Regierungsgeschäfte es ihm erlanuben, dann sisst der Führer auch heute nicht nur in seinem Amtszimmer, sondern fährt hinaus in das Land mitten unter das Volk. Dann fisste er wieder en seinem Mercedes und taucht einmal hier, einmal dort auf; eines Tages im Ruhrgebiet, am anderen in Baden, Württemberg, Sachsen, Ostpreussen, an der Wasserkante, kurzum es gibt keinen Gau, in den nicht einmal die Fahrt ginge. Am Steuer des Wagens, hinter der Schussscheibe, höre ich dann plösslich erstaunte und begeisterte Ausrufe: "Der Hitler oder Der Führer ist da" Oft merken die Menschen gar nicht, wer soeben durch die Stadt gefahren ist. Erst wenn die Rolonne vorbei ist, fallen ihnen die drei schwarzen Wagen auf. und dann wird ihnen mit einemmal klar, wer da eben vorbeifuhr. Die Kinder sind zumeist die ersten, die den Führer erkennen. Im gleichen Augenblick hebt ein Wettlauf mit dem Wagen an, und dann ist es meist kein weiter Weg mehr zu einer Menschenansammlung, zur Alarmierung einiger Strassen, und schlisslich müssen wir dann so manches Mal halten, damit der Führer den Begeisterten die Hand geben und Blumen entgegennehmen oder auch einmal ein paar Karten unterschreiben kann. Wer, wie ich, 10 Jahre land das Glück hatte, feständig in del Nähe des Führers zu weilen und seine vielen Fahrten mitzuerleben, dem werden die tausendfältigen Bilder unvergesslich sein, die sich im Laufe der Jahre boten. Man nimmt einen unbändigen Glauben an das deutsche Volk von solchen Fahrten mit, und oft ist es einem ganz warm ums Herz, wenn man all diese Tage miterleben kann. Grosse Reisen macht del Führer nur im offenen Wagen, den er auch dann nicht schliesst, wenn es bei einer offiziellen Angelegenheit regnet. Auf den Rat seiner Begleitung hat er nur immer die Antwort: "Solange die SA und die anderen Formationen im Regen stehen müssen, können wir auch nass werden". Tausende waren Zeugen, wie er barhäuptig bei der Rückgliederung del Saar, nur mit dem Braunhemd bekleidet, den Vorbeimarsch der SA abnahm, wie er bei den Wahlkämpfen in Stralsund nach einem Nachtflug um 3 Uhr morgens bei strömendem Regen zur wartenden Menge sprach oder im Regen durch Holstein zum Adolf Hitler-Koog fuhr, durchnässt, ohne Rücksicht auf sich selbst, wei die SA auch im Regen stand. Schon in seinem ersten Wagen war sein Platz neben dem Fahrer. Heute, nach 15 Jahren, als Reichskanzler, iste er davon nicht abgegangen. Er legt auch die Reiseroute selbst left, denn der Führer liebt es, Seitenstrassen zu venutzen und abseits grosser Verkehrswege Deutschlands Landschaft zu erleben. Früher war es ja infacher, als der Führer noch nicht so fekannt war wie heute. Da konnte man manches Mal in einem Gasthof unerkannt übernachten oder seine Mahlzeit einnehmen. Heute ist das anders. Wie ein Lauffeuer verbreitet sich in den Dörfern und Städten, durch die unser Weg führt, die Kunde vom Kommen des Führers. Viele sagen es in ihrer Freude durch Fernsprecher der nächsten Ortschaft weiter, und dann warten die Bewohner des Ortes, die noch niemals ihren Führer gesehen, schon, um beim Eintreffen des Wagens Hitler zu grüssen. Erhebende Momente erlebt man, und manches Mal hata man den Wunsch, ein Dichter zu sein, um die Worte zu finden, die tausendfältigen kleinen Begebenheiten mit der Kraft zu schildern, wie wir sie erleben. Da kommen wir durch einen Ort. Alles ist da, alt und jung, Vereine und Schulen, Mütter mit Kindern auf dem Arm, schnell wird die Ortsstrasse in ein Fahnenmeer verwandelt. BDM-Mädchen versuchen, den Wagen zum Halten zu bringen, aber die Zeit drängt, der Führer muss zur bestimmten Stunde am Ziel sein, denn Hunderttausende in der angesetzten Versammlung warten auf ihn. Da springt mit einem Satz ein grosser muskulöfer Mann, es ist der Schmied des Ortes, auf den Kühler des Wagens; jetzt muss der Fahrer seine Fahrt verlangsamen, und schon ist der Wagen von allen Ortsbewohnern umringt. Jeder möchte die Hand des Führers drücken. Frauen mit Kindern am Arm können nicht herankommen. Sie halten ihre Kleinen, Deutschlands Zukunft, über die Köpfe der begeisterten Menge hinweg, gleichsam als wollten sie damit sagen: Ihr gehört ihm ! Wenn man grosse Menschen schildern will, muss mann auch ihre kleinen Züge sehen. Eine unter Hunderten von Episoden. Es ist gegen 10 Uhr nachts, als der Wagen des Führers nach einem Vorbeimarsch in Meiningen in Richtung Würzburg fährt. Da, im Scheinwerferlicht, 2 marschierende SA-Männer. Der Führer lässt den Wagen halten. Wohin sie wollen, werden sie gefragt. "Zum nächsten Bahnhof, mein Kamerad kann nicht mehr gehen, wir haben noch 3 Stunden Weg". "Also rein in den Wagen !" Sie haben keine Ahnung, wessen Gäste sie sind. Wir fragen sie über dieses un jenes. Ob sie den Führer schon gesehen haben? "Ja, heute beim Vorbeimarsch". Der Wagen hält, wir sind am Ziel. Der Führer, der vorn fitzt, ruft sie und drückt jedem ein Geldgeschenk in die Land. Da, im Dunkel der Nacht, fällt ein kleiner Lichtschein auf des Führers Gesicht. die beiden SA-Männer sind starr. Ist es nicht der Führer, der mit ihnen spricht? Ja, er ist es ! Kein Wort kommt über ihre Lippen vor freudigem Schreck. Ich gebe Gas, und während der Mercedes in die dunkle Nacht fährt, sehen wir in einer Kurve, wie die zwei immer noch inbeweglich auf der Landstrasse stehen unter dem Eindruck des eben Erlebten. Die grossen und schweren Wahlkämpfe der damaligen Zeit verlangten von dem Führer grösste Ausnutzung seiner Zeit, und so bediente sich sich der Führer auch des Flugzeuges; allerdings bereits zu einer Zeit, wo man dem Flugverkehr noch Mitztrauen entgegenbrachte. Wochenlang hindurch führt ihn das Flugzeug von Stadt zu Stadt, ohne Rückficht auf Wind und Wetter. Rückschauend auf diese Zeit, bekommt man ein leichtes Gruseln, erinnert man sich der zahlreichen Sturm, Nacht und Nebelflüge. Es spricht für sich, dass in der Zeit, in der das Flugzeug des Führers im Wahlkampf stand, nicht einmal der Termin des Abflueges verschoben wurde. Pünktlich konnte jede angefagte Versammlung -und es waren manchesmal 4-5 in verschiedenen Städten Deutschlands an einem Tage- durchgeführt werden. Oft wurde dem Führer nahegelegt, den oder jenen Flug nicht zu unternehmen. Dann aber war immer seine Antwort: "Wenn die Notwendigkeit es verlangt, dann fliege ich auch bei Sturm". Wie hätten damals die gegnerischen Blätter triumphiert, wäre der leftgesetzte Flugplan nicht durchgeführt worden oder eine agesetzte Versammlung ausgefallen. Aber Hitler tat ihnen den Gefallen nicht. Und so ist ein Flug besonders in Erinnerung, der Flug Fürth-Frankfurt. Die alte Rohrbach, die erste Maschine, deren sich der Führer damals bediente, war mit Benzinfässern verankert. Ein Sturm ging über ganz Deutschland, wie er in dieser Stärke zu ben Seltenheiten gehörte. Für den allgemeinen Flugverkehr war Startverbot. Nur mit Mühe konnte man sich auf den Beinen halten. Alles schüttelte den Kopf, als der Führer die Maschine bestieg. Doch schon nach wenigen Minuten kämpfte sie sich empor. Nur mühevoll kam die Maschine vorwärts. durch Gewitter und Regenböen, Sturm und Schnee. Oft sackte die Maschine ab, dass der Kopf manches Mitfliegenden mit dem Dache in Berührung kam, aber immer ging es gut. Einmal musste das Flugzeug weit vor dem Ziel unprogrammässig notlanden. Um 8 Uhr sollte die Versammlung in Kiel beginnen. Um 5 Uhr bekam ich die Nachricht, dass der Führer in Travemünde hatte landen müssen, da niedrige Wolken, Nebel und schwerster Sturm herrschten. Sofort brauste die Kolonne in Richtung Lübeck ab, und in der Gegend von Eutin konnten wir den Führer, der mit Mietswagen uns entgegengekommen war, in Empfang nehmen und noch rechtzeitig nach Kiel bringen. Wenn auch der Führer heute aus Gründen der Zeitersparnis hier und da einmal zu Nachtfahrten die Bahn benutzt, so gilt seine grosse Liebe doch dem Kraftwagen, von dem er selbst einmal gesagt hat, dass er ihm Deutschland erschlossen habe. Und ebenso siebt er seine JU 52 unter dem Kommando des Flugkapitäns SS-Oberführer Baur, der wohl zu den ersten Künstlern unter den Flugkapitänen zählt. Das Schönste für den Führer ist es, wenn er nach angestrengten Wochen in seinem Wagen wieder durch das deutsche Land fahren kann. Die schönsten Tage für mich sind, wenn ich dann am Steuer sitzen und, wie inst durch Kampf und Not, so heute durch ein glückliches friedliches Land den Führer fahren darf. "Adolf Hitler, Bilder aus dem Leben des Führers" |