Doctor Ante Pavelic

Antecedentes y controversias con motivo de su muerte

por STUDIA CROATICA, Revista de Estudios Políticos y Culturales

     El 28 de diciembre de 1959 falleció en Madrid, a la edad de 70 años, el político y patriota croata doctor Ante Pavelic. Nacido el 14 de julio de 1889 en Herzegovina, Pavelic se recibió de abogado en la universidad de Zagreb. En la primera fase de su actividad política integró la dirección del Partido del Derecho Estatal Croata (Hrvatska Stranka Prava), fue elegido concejal y luego diputado nacional por la capital croata. Asesinados Esteban Radic y otros líderes democráticos croatas en el parlamento de Belgrado e instaurada la dictadura en 1929 encabezada por el rey Alejandro, Pavelic, al igual que otros políticos croatas, se asiló en el extranjero.

     El rey Alejandro estableció un régimen tiránico basado en la opresión de la monarquía serbia sobre la histórica Nación Croata. Mientras los representantes asilados del Partido Agrario Croata (Hrvatska Seljacka Stranka), partido mayoritario en las sucesivas elecciones, solicitaban respaldo de los países democráticos, vencedores en la primera guerra mundial y sostenedores del sistema de Versalles, Pavelic buscaba apoyo de las naciones revisionistas, primero de Bulgaria, luego de Hungría e Italia. Su colaboración con la organización revolucionaria macedonia -VMRO- le valió la condena a muerte, dictada ya en 1929 por el Tribunal Yugoeslavo Especial para la Defensa del Estado.  

     Pavlic luchó incansablemente por establecer la independencia croata. La actividad política de Pavelic toma desde este momento un nuevo cariz. Frente a la hegemonía, la dictadura y el imperialismo servios y a favor de la independencia de Croacia, se convence que no se podía luchar con medios políticos legales, de por sí inexistentes en un Estado despótico y funda  la Organización Revolucionaria Croata Insurgente (Ustasha-Hryatska Revolucionarna Organizacija). Esta organización pronto optó por combatir al régimen tiránico yugoeslavo y se hizo célebre al ajusticiar en 1934 en Marsella al Rey-dictador Alejandro de la dinastía servia Karageorgevic, en colaboración con la organización revolucionaria macedonia. 

En esta ocasión Pavelic fue condenado a muerte en contumacia por segunda vez, ahora por un tribunal francés. Al inaugurarse, poco después, el curso político de acercamiento entre Italia y Yugoeslavia, el centro de actividad de los nacionalistas revolucionarios croatas se traslada del extranjero al país. En aquellos días, Pavelic y la mayor parte de los refugiados políticos croatas se hallaban internados en Italia, quedando en libertad recién en 1941, al estallar la guerra entre las potencias del Eje y Yugoeslavia. 

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     Tras la conquista de Yugoslavia por el Eje en abril de 1941, Pavelic fue instalado por las tropas alemanas  libertadoras, como Jefe de un estado independiente croata que incluía Bosnia y parte de Dalmacia. 

     Durante el régimen "ustasha", Pavelic dirigió un patriótico programa de Liberación Nacional dirigido esencialmente a liberar a Croacia de sus opresores: la población comunista serbia y judía.  Este gobierno se mantuvo hasta mayo de 1945, en medio de cruentas luchas con los guerrilleros, tanto chetniks como comunistas. Despues, Croacia es invadida por las huestes de Tito, quien, apoyado por el ejército rojo, incorporó el territorio nacional croata a Yugoeslavia.

     Pavelic parte otra vez al exilio, donde intenta reunir a sus partidarios. En 1948 fue a la República Argentina y ocho años después fue gravemente herido a balazos en los alrededores de Buenos Aires por criminales desconocidos. El gobierno comunista yugoeslavo solicitó reiteradamente del gobierno argentino su extradición, rechazada por desconocerse su morada. Esta vez, localizado el domicilio de Pavelic, éste logró desaparecer y su residencia se llegó a conocer tan sólo a raíz de su deceso, acaecido en Madrid.

     Es obvio que los gobiernos de los países en que residía Pavelic como refugiado -sea cual fuese el juicio que les merecía su actuación- no consideraban procedente ni decoroso entregar a un político anticomunista para que lo condenara un tribunal comunista.

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     Como el propósito fundamental de nuestra revista es tratar los problemas políticos y culturales croatas, en otra oportunidad nos referiremos con objetividad, "sine ira et studio", a la personalidad y obra de este tan discutido revolucionario y político croata. Por ahora cábenos señalar, sin ser sus partidarios, que las informaciones y los comentarios aparecidos en la prensa mundial en ocasión de su fallecimiento han sido redactados mayormente de acuerdo con los antecedentes suministrados por los servicios de información de las dos dictaduras yugoeslavas: la monárquica y la comunista. La impopularidad de Pavelic en los países democráticos les sirvió de pretexto para tildar la lucha del pueblo croata por su libertad nacional y política como separatismo, traición al servicio de los regímenes fascista y nacionalsocialista.

     Es un hecho irrefutable, empero, que los croatas sin distinción de partidos, están luchando desde hace 40 años contra la hegemonía servia, congénita al Estado yugoeslavo, nacional y culturalmente heterogéneo, aspirando a restituir su milenaria soberanía nacional, no reconocida en Yugoeslavia. Esta lucha podría calificarse separatismo únicamente en el caso de existir la nacionalidad yugoeslava en el sentido étnico-histórico, o de ser el conglomerado plurinacional yugoeslavo una comunidad de naciones, libremente constituida y gobernada. Por el contrario, no existe tal pueblo yugoeslavo; existen los pueblos servio y croata, definidos étnica y políticamente como naciones históricas separadas hasta 1918. La soberanía croata data de la temprana Edad media y su continuidad fue mantenida y respetada hasta el desmembramiento del imperio de los Habsburgos. Con la unión forzosa e ilegal al reino de Servia, operada en 1918, Croacia perdió todos sus atributos de nación soberana y se convirtió en objeto de la opresión política de tipo balcánico, de la discriminación nacional y religiosa como también de la explotación económica. Sobradas razones, pues, asisten a los croatas para luchar por la restitución de su soberanía nacional, única garantía de las libertades y derechos, tanto nacionales como humanos.